San Clemente guió los pasos de la Iglesia, durante la persecución del Emperador Domiciano.
Clemente fué el primero de los siglos I y II, que había conocido alguno de los Apóstoles. Se dice que escribió cinco epístolas, dos dirigidas a Santiago, otra para los sacerdotes y fieles laicos y otra para Julio y Juliano y otra para los cristianos de Jerusalén. Muchos autores dicen que estas cartas eran apócrifas, o sea que no pertenecían a Clemente, pero si hay una verdadera con certeza, a la Iglesia de Corinto, allí hablaba de la necesidad del arrepentimiento, la diciplina y la subordinación.
Durante su Pontificado aparecieron las primeras herejías , entre ellas la de los gnósticos, según la cual los cristianos no se salvaban por la fe y el Sacrificio de Jesús, sino por la gnosis o conocimiento de lo divino por introspección . Otra herejía fue la de los ebionitas, que negaban la divinidad de Cristo y continuaban practicando las costumbres judías.
Aunque no hay datos seguros sobre su muerte, una versión declara que el Emperador Trajano, lo deportó a Crimea, donde Clemente calmó milagrosamente la sed de dos mil personas, que en agradecimiento construyeron varias Iglesias. Al enterarse Trajano ordenó arrojar a Clemente al mar, atado a un ancla de hierro.
Diario Clarín
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