Desde su humilde origen en Tierra Santa, al Cristianismo se le planteó una misión Universal: Llevar la Palabra de Cristo a todos los Pueblos del Mundo. Desde San Pedro, los Papas asumieron este apostolado, como cabeza de una Iglesia que desde su inicio es Católica y Universal, es decir una y común para todos.
La labor de los Apóstoles, fue continuada en los siglos siguientes y hasta la actualidad, por los sucesores de Pedro y de quienes anuncian y anunciarán la Buena Nueva en todas las regiones del Planeta.
Se trata de un apostolado que se renueva diariamente, en la búsqueda por "recuperar el carácter luminoso de la Fe", como señaló el Papa Francisco en su primera Encíclica, Lumen Fidei, la Luz de la Fe, dada a conocer el 29 de Junio de 2013, en la que recuerda " gracias a la fe, hemos descubierto la dignidad única de cada persona, que no era tan evidente en el mundo antiguo. En el centro de la fe Bíblica está el Amor de Dios, su solicitud concreta por cada persona, su designio de Salvación que abraza a la humanidad entera y a toda la Creación y que alcanza su cúspide en la encarnación, muerte y resurrección de Nuestro Señor Jesucristo. Cuando se oscurece esta realidad, falta el criterio para distinguir lo que hace preciosa y única la vida del hombre. Este pierde su puesto en el universo, se pierde en la naturaleza, renunciando a su posibilidad moral, o bien pretende ser árbitro absoluto, atribuyéndose un poder de manipulación sin límites.. La fe además revelándonos el Amor de Dios, nos hace respetar más a la naturaleza, pues nos hace reconocer en ella una gramática escrita por Él y una morada que nos ha confiado para cultivarla y salvaguardarla, nos invita a buscar modelos de desarrollo que no se basen solo en la utilidad y el provecho, sino que consideren la creación como un don del que todos somos deudores, nos enseña a identificar formas de gobierno justas, reconociendo que la autoridad viene de Dios, para estar al servicio del bien común"
Diario Clarín
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