domingo, 1 de diciembre de 2013

El Sucesor de Pedro

En la primavera europea del año 313 en Mediulanum (la actual ciudad de Milán) se reunieron los dos hombres más poderosos de la época para sellar su alianza y dividirse el Imperio Romano en Occidente y Oriente, los augustos Constantino y Licinio. Allí acordaron una serie de decisiónes imperiales de las cuales una tendría consecuencias más perdurables que las disputas del poder político: el Edicto por el cual cesaba la persecución a los cristianos y se les reconocía el derecho de practicar públicamente su fe. Como ha señalado el Papa Francisco al conmemorarse 1700 años de esa desición, el Edicto de Milán ayudó a difundir más el Evangelio y a catequizar Europa. En efecto con la caída del Imperio Romano de Occidente y la mezcla de culturas que aparecieron, se volcaron a la conversión al cristianismo. Al mismo tiempo esto planteó a la Iglesia grandes desafíos en todos los ámbitos, la doctrina, la liturgia, la organización eclesial, la autoridad del Papa como sucesor de Pedro y las relaciones con los poderes terrenales.



Diario Clarín

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