Hasta el Renacimiento, los artistas eran unos artesanos mas, que practicaba su oficio de acuerdo a las reglas de su gremio. Se iniciaba como aprendiz y luego llegaba a ser maestro, teniendo su propio taller. Entre los siglos XV y XVI ese artesano se convirtió en un trabajador intelectual, cuyo nombre comenzaba a ser conocido y cuya vida se alejaba poco a poco de la pobreza y la modestia de sus antecesores medievales. Si bien todavía la obra de arte era un trabajo colectivo, algunos comenzaron a distinguirse entre sus pares, debido a su maestría y originalidad. Para los mecenas, protectores de literatos y artistas, la obra de arte era al mismo tiempo un bien que otorgaba prestigio y una mercancía cuyo valor variaba de acuerdo a las leyes del mercado. Ya en el Siglo XIV se había establecido en Aviñón, un mercado de libros raros, tapices y cuadros, en relación con la presencia en el lugar de la corte pontificia. Además comprar o encargar obras de arte era un símbolo de riqueza y de rango social. En esta relación entre mecenas y artistas, se combinaban el deseo de lujo, con la educación del "buen gusto"
Diario Clarín
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